Corto pero duro ascenso a este monte cubierto de espeso encinar cantábrico y con buenas vistas de la costa oriental. Existe la tradición de colocar cada 50 años una nueva cruz en lo alto. Esta tradición se remonta a 1763 y simboliza el deslinde de los territorios de Arnuero y Soano.
Dificultad: Media
Orientación (sin GPS con track o cartografía): fácil
Belleza: Normal
Distancia y tiempo: 4 kilómetros y 1 hora y cuarto.
Situación.
Saldremos de Santander por la A-8 en dirección a Bilbao. Pasado Solares buscamos la carretera que conduce a Galizano. Desde aquí tomamos la carretera paralela a la costa que tras pasar junto a Ajo y su ría llega a la derivación que conduce a Isla. A la altura del kilómetro 1 encontramos una desviación hacia la derecha. Dejamos el vehículo en este entorno.
Puntos de Interés
Encinar cantábrico. Vistas desde la cima.
Descripción de la Ruta
Tomamos la calle que asciende perpendicular a la carretera ascendiendo un poco. A cabo de unos 20 metros encontramos un sendero que asciende a la izquierda de esta calle. Al principio caminamos entre vallados y durante un instante podemos ver el caserío de Isla y su gran iglesia parroquial. Desde este punto empezamos un fuerte ascenso por un bosquete de carrasca y madroño; entre otras especies. Hemos de tomar frecuentes descansos para afrontar el desnivel.
Finalmente la pendiente se suaviza y entramos en una franja de bosque especialmente tupido, con aspecto casi selvático, si bien el sendero está muy definido. Tras llanear un poco hemos de prestar un poco de atención para no perder el sendero principal, que vuelve a ascender hacia la izquierda en detrimento de otra senda que sigue recta. Al cabo de unos instantes volvemos a llanear y casi nos topamos con la torre de observación a la que se puede ascender.
Desde aquí tenemos unas estupendas vistas de buena parte del oriente costero, especialmente de la costa entre Noja e Isla. Tras descender continuamos por el sendero que continúa por la espesura. Empezamos a descender de forma brusca hasta llegar a un área de descanso con unas mesas. Continuamos por el sendero que traíamos hasta llegar al asfalto. En el primer cruce giramos hacia la derecha. Llaneando llegamos hasta la voluminosa iglesia de Arnuero. Tomamos la calle que pasa junto a la torre y seguimos por la misma sin cambiar de dirección ascendiendo un poco. En unos minutos llegamos a la zona donde dejamos el coche.
Sencilla ruta por esta costa que combina paisajes de acantilado y playa, así como amplias panorámicas de la costa oriental cántabra.
Dificultad: Media
Orientación (sin GPS con track o cartografía): fácil
Belleza: Alta
Distancia y tiempo: 9 kilómetros y 2 horas y cuarto.
Situación.
Saldremos de Santander por la A-8 en dirección a Bilbao. Pasado Solares buscamos la carretera que conduce a Galizano. Desde aquí tomamos la carretera paralela a la costa que tras pasar junto a Ajo y su ría llega a la derivación que conduce a Isla. Desde este último lugar buscaremos la derivación que conduce a Quejo o Isla-Playa.
Puntos de Interés
Vistas de las Playas y Acantilados. Vistas Panorámicas. Palacio de Isla.
Descripción de la Ruta
Tomamos como referencia la playa de El Sable de Arnuero. Empezamos a andar por pistas asfaltadas en dirección contraria a la playa ganando un poco de altura en dirección al barrio de Argumoso y evitando llegar al camping. Empezamos a andar en sentido oeste entre una mezcla de chalets, arquitectura popular y otra más anodina tan característica de la franja costera de Cantabria.
Intentamos seguir la calle principal evitando derivaciones. Pasamos por el barrio de Gracedo y tras pasar por una zona menos urbanizada vemos ya las edificaciones de Isla entre las que destaca la iglesia y el palacio de los Condes de Isla. Cuando llegamos al muro delimitador del mismo podemos explorar el pueblo, que tiene un casco antiguo de cierto interés, pero hoy optamos por seguirlo hacia la derecha en dirección a la playa de la Arena.
Ganamos un poco de altura y seguimos la nueva pista en dirección noroeste evitando de nuevo las derivaciones. Llegamos a un punto más elevado en el que ya vemos la costa y empezamos a descender bruscamente. Frente a nosotros vemos la ría y el cabo de Ajo en el que se distingue su faro. En este tramo el tráfico es algo más intenso con lo que deberemos tener un poco más de cuidado.
Casi al final del descenso llegamos a las inmediaciones de un camping. Al llegar a la altura del seto que lo limita vemos un camino que nace por la izquierda. Bordeamos el seto del camping y giramos hacia la izquierda cruzando una pequeña finca particular. En unos instantes entramos en un bosque Cantábrico por el que serpentea un estrecho pero marcado sendero. Buscando en los cruces la opción izquierda llegamos a un punto desde el que se tiene una bonita vista de la playa de La Arena y la ría de Ajo. Retrocediendo unos metros al último cruce seguimos ascendiendo suavemente entre el cerrado bosquete. Al poco dejamos los árboles detrás y llegamos a las vistas de la costa más accidentada. A nuestra izquierda volvemos a ver los acantilados del cabo de Ajo y a la izquierda un área de rocas erosionadas.
Empezamos a andar por el típico sendero que bordea la costa. Superamos una valla ganadera gracias a una escalera a tal efecto (desde este punto tenemos una señalización algo parca). Vamos ganando altura con vistas a la punta cueva Colina. Una derivación permite bajar a la misma, donde existe un punto de observación de aves marinas. Con un poco de esfuerzo llegamos Coto Aro ,a 136 mts, con unas excepcionales vistas de buena parte de la costa: Llega a intuirse Santander y su faro; y hacia el este unos profundos acantilados. También podemos vislumbrar algunos de los principales relieves del interior de Cantabria.
Continuamos por sendero llegamos a la vera de los acantilados indicados. El sendero se trasforma por unos momentos en un camino pero justo cuando gira hacia el interior y asciende bruscamente encontramos a la izquierda la continuación del sendero. Andamos ahora por un sendero más ancho mientras que se suceden diversos rincones marinos. Empezamos a ascender de nuevo hacia la punta de cabo Quejo, donde existen los restos de una edificación. Se ve desde aquí un buen tramo de la costa Oriental que antes no veíamos: Montes Buciero y Candina, costa de Noja etc.
Desde aquí giramos claramente hacia el sur y ascendemos algo más. Pasamos cerca de una torre de Telecomunicación que también nos concede buenas vistas hacia las Marismas de Noja. Seguimos por el sendero de la costa por un descenso brusco que afrontamos con precaución. Llegamos a una depuradora y desde allí al camping. Desde aquí es fácil alcanzar el punto desde donde iniciamos el recorrido.
Comentarios
Ruta sencilla salvo por los empinados ascensos. Hay que tener precaución al principio al caminar por pistas de asfalto y luego con los tropezones y resbalones en la zona cercana a los acantilados. A toro pasado creo que merece la pena acercarse a las antenas ya que probablemente se vea mejor la zona de marismas.
La isla de Pedrosa, prácticamente una península, es un pequeño lugar que se encuentra en la zona sur de la Bahía de Santander. Inicialmente funcionó como lazareto; es decir, como lugar adonde se conducía los infectados que arribaban al puerto.
A principio del siglo XX se transformó en sanatorio antituberculoso y se fueron construyendo diversos pabellones a instancia de donaciones filantrópicas. Pedrosa se convirtió con ello en una especie de ciudad sanitaria que acogía diversas especialidades y servicios. Las construcciones tenían un gusto modernista o ecléctico.
Actualmente parte de los edificios mantienen una función similar a la original, como sede de la Fundación Cántabra para la Salud y el Bienestar. Aunque los jardines se mantienen en buenas condiciones (existen dos eucaliptus catalogados como singulares) otros elementos están próximos a la ruina. Todo ello le da al lugar un claro regusto evocador y decimonónico.
Lo que he encontrado sobre este lugar es bastante confuso. Al parecer esta ferrería situada en el municipio de Guriezo se remonta al siglo XIII aunque ha sido posteriormente restaurada. Al parecer al menos durante un tiempo fue posible visitar los ingenios hidráulicos que aún funcionaban.
Lo que se aprecia en la fotografía es un palacio edificado ya en el siglo XIX en medio de una gran finca junto a la ferrería. En esta finca se encuentran varios árboles singulares.
Hace ya unos meses decidí acercarme brevemente a este rincón de la costa cántabra. Esta es la playa de Oriñón. Al parecer por aquí se crían unas cebollas muy buenas (lo de las mejores del mundo me parece ya un poco pretencioso).
Esta es la playa de Sonabia.
Otra perpectiva. En el ángulo superior izuquierdo se aprecia uno de los Ojos del Diablo (ya los vimos de cerca en esta otra ocasión). Al fondo el Buciero. Aunque no se aprecia en la imagen, existe una arriesgada senda que transita por la ladera herbosa en dirección al Valle de Liendo.
Breve recorrido al paisaje pasiego que parece llevarnos a un país y tiempo diferentes. A las estampas de cabañas, prados y laderas empinadas se unen una serie de preciosas cascadas y la impactante impresión del túnel de la Engaña y otros restos del malogrado ferrocarril Santander-Mediterráneo; sencillamente una de las caminatas más completas que podemos hacer para el corto esfuerzo que se requiere.
Dificultad: Media
Orientación (sin GPS con track o cartografía): fácil
Belleza: Muy Alta
Tiempo y distancia: 3 horas (11 kilómetros).
Situación
Desde Santander seguiremos la N-623 en dirección al puerto del Escudo. A la altura de Entrambasmestas tomaremos la serpenteante carretera que nos lleva a Vega de Pas. Una vez en este pueblo seguimos sin cambiar de dirección algo más de 3 kilómetros hasta que encontramos un pequeño hueco para dejar el coche, junto a un ancho camino que desciende a la derecha. Existen otros puntos desde donde se puede iniciar el recorrido, que se sugieren en el apartado comentarios.
Puntos de interés
Paisaje pasiego. Montes de Valnera y alrededores. Cascadas y saltos del arroyo Aján. Obras del Santander Mediterráneo (S-M).
Descripción de la ruta
Desde el punto donde dejamos el coche tenemos una bella perspectiva de la última parte del valle del río Yera, antes de que sus laderas se vuelvan casi verticales. La parte más baja está ocupado por cercados y cabañas pasiegas, la media por bosques de hayas y la más alta por las laderas empinadas cubiertas de helechos. Hacia el oeste, si el día está claro, se observan claramente los picachos de Castro Valnera.
Descendemos por el camino indicado y en unos instantes llegamos a un cruce. Nosotros seguimos hacia la derecha, pero podríamos optar por tomar la otra opción y con ello realizar el recorrido en sentido inverso. Tras unos rápidos zig-zags descendemos junto al río Yera que baja cantarín entre las piedras. El camino principal cruza la corriente de agua en dirección a unas cabañas, pero nosotros tomamos un sendero menos marcado que sigue dejando el río a su izquierda.
Entre cabañas en estado de conservación en general bueno (algunas están muy modificadas para ser más cómodas) llegamos sin mayores novedades a un camino más ancho y a una agrupación más consistente de edificios. Unas decenas de metros más adelante llegamos a una señalización hacia el Cañao de Aján, que seguimos girando hacia la izquierda y cruzando uno de los rústicos y bellos puentes que se extienden por la zona; éste tiene argamasa de refuerzo pero la mayoría están hechos sólo a base de piedra.
Una vez al otro lado del puente el camino se convierte en un sendero y gira hacia la izquierda, de modo que en cierto sentido tomamos una dirección inversa a la que traíamos hasta ahora, pero al otro lado del río. Vamos pasando junto a varias cabañas y entrando en el valle del arroyo Aján, que nos ofrece en los siguientes kilómetros una serie de bellos saltos y cascadas. Al menudo para poder verlos con amplitud deberemos buscar los pasos que nos acerquen hasta el mismo cauce. Se observan los signos de la práctica del deporte de descenso de cañones.
El sendero en sí también es muy bonito. Vamos ascendiendo entre las sombra de los árboles. En ocasiones vemos los restos de un antiguo empedrado bajo nuestros pies. Dejando un bello rincón tras otro remontamos algo más de los kilómetros por este valle, siempre con el cauce a nuestra izquierda. Tras un último tramo un poco más empinado llegamos a un puente muy bonito que hemos de cruzar (el sendero más marcado sigue tal dirección) un poco antes de que la unión de dos canales.
Una empinado pero corto zig-zag nos lleva junto a un gran y arruinado edificio que dio servicio a las obras del S-M. Hoy nos parece un lugar evocador y espectacular; pues está colgado de la ladera y forma una estampa muy plástica; pero debía de ser muy dura la vida para los que trabajaban en esta obra. Desde el camino llegamos en unos instantes a la base del ferrocarril: un ancho camino sobre el que nunca se llegaron a tender lar vías. Hacia la derecha encontramos la boca de un ancho túnel; que no es el túnel de la Engaña sino un aperitivo anterior de unos 200 metros. No muestra signos de mal estado así que lo cruzamos. Aunque está en curva, la luz es suficiente como para poder cruzarlo sin linterna aunque no será raro algún tropezón en el irregular piso.
Al otro lado la vegetación es más profusa y el hayedo acaba dominando las laderas. En unos instantes llegamos ahora sí a la boca del túnel de la Engaña, tal y como vemos en un grabado superior acompañado de su distancia: 6976 metros. Desde luego no tenemos ninguna intención de adentrarnos en el tenebroso lugar, del cual ya sabemos que ha sufrido grandes desprendimientos. Unos chorretones de agua que caen por sus paredes son harto indicativos. El túnel se encuentra rodeado de varios edificios que van siendo devorados por la maleza.
Volvemos sobre nuestros pasos y tras retomar el túnel que antes cruzamos seguimos caminando por el ancho camino por donde debió ir el ferrocarril. A nuestras espaldas tenemos una amplia perpectiva de esta parte de los montes del Somo, culminados por el collado de la Hormaza, con el edificio indicado en primer plano. Al poco cruzamos otro túnel, esta vez bastante más corto. Bajo nuestro pies tenemos el valle bajo del ríoYera y Vega de Pas. Llegamos a la boca de un tercer túnel, de unos 300 metros y decidimos buscar un sendero alternativo que sigue por la parte exterior de la montaña. Está algo tapado por los tojos y el árgoma, pero al ser ésta bastante baja se avanza sin mayores complicaciones.
Llegamos hasta una antena de comunicación. A partir de aquí el sendero mejora algo y conecta en breve con el otro lado del túnel. Tenemos un cuarto túnel, este mucho más corto. De frente observamos el perfil de Castro Valnera mientras que a los lados del camino la vegetación ha aumentado considerablemente. Tras unos 500 metros adicionales llegamos a la estación de Yera, que es la última obra que se realizó para el S-M. Desde este punto desaparecen los signos de la caja del ferrocarril. Su estampa a los pies de un cerrado hayedo es harto evocadora.
Desde la estación de Yera comienza una pista asfaltada que seguimos en su descenso durante unos instantes. Poco después nace un sendero hacia la izquierda que tomamos girando claramente hacia la izquierda. Volvemos a caminar entre cercados y cabañas tratando de no resbalar entre las húmedas piedras del sendero. No mucho después llegamos a unas cabañas mejor conservadas mientras el camino mejora claramente. Se nos ofrece la posibilidad de cruzar el río Yera, a cuya vera estamos nuevamente, pero las indicaciones siguen a este lado.
No obstante poco después, junto a una nueva cabaña, sí que cruzamos el río por un puentecito que parece sacado de un nacimiento. Desde aquí el sendero se convierte en pista y se aleja un poco de cauce. Ascendemos suavemente y en unos minutos alcanzamos el cruce que encontramos en el inicio del recorrido.
Comentarios
No escogí la mejor época del año (a mediados de septiembre el paisaje tiende a estar seco) ni la mejor hora (empezando por la tarde las fotos sufren las consecuencias) y aún así la ruta fue muy agradable. El avance es bastante sencillo salvo tal vez por algunos tramos empedrados que requieren más esfuerzo y concentración. El recorrido se corresponde con una parte del sendero de pequeño recorrido PR-S-75, que en realidad parte de Vega de Pas.
Partiendo de Vega de Pas hemos de recorrer casi dos kilómetros por la carretera hasta un cruce señalizado hacia la izquierda. Aún nos queda más de un kilómetro hasta llegar al cruce hacia el Cañao de Aján (con lo que la ruta completa representa unos 18 kilómetros); no obstante creo que es posible llegar hasta este punto con el coche.
Hoy para cambiar un poco el tono os acerco unas imágenes de este sencillo paseo preparado sobre el trazado de una antiguo ferrocarril minero. Localizar el acceso es tal vez lo más complicado. Siguiendo la A-8 en dirección Bilbao, y tras superar Castro-Urdiales, tomamos la salida de Ontón. Recorremos el caserío a lo largo de la antigua N-634 y poco después de dejar atrás las últimas casas tomamos la pista que nos deja en un aparcamiento junto a los restos de las antiguas instalaciones de carga de mineral (ver la opción "ubicación" del final de este artículo".
Desde aquí son unos 3 kilómetros muy sencillos entre ida y vuelta, hasta el límite con el País Vasco. Paisaje de costa y acantilados incluyendo un pequeño túnel. Hay que tomar unas mínimas precauciones.